Un premio en secreto
Había planificado un viaje corto; así que al despertar, inmediatamente corrí la cortina y curioseé el carácter del tiempo, ya que últimamente el aludido; había permanecido bastante pesaroso, y en ese lánguido estado; no podía percatarse de cuánto nos afectaba… Afortunadamente, se mostraba bastante generoso…no risueño; pero sí amable, así que yo podría usar mi polera nueva, una de color naranja con listón negro en la cintura.
Como es mi costumbre; aunque me hubiese levantado antes que el sol, siempre andaba forcejeando con las horas al querer dejar avanzado mi quehacer diario; para así tener tranquilidad para mi entrenamiento físico, además de mis escogidas rutinas de aceleración de conciencia, y ese día tan peculiar; me quedé un poco más entretenida de lo habitual en un ejercicio de activación del campo Merkaba, llevaba meses practicando con algunas caídas más o menos importantes, pero un deseo interno me animaba a seguir a pesar de los moretones. El campo Merkaba es un vehículo de luz, que al ser activado puede ser usado para viajar a otras dimensiones, por lo que la complicidad conmigo misma planteaba que no podía comentarlo, era casi un pacto sagrado para no oír opiniones ajenas colmadas de burla e ignorancia del tema. En fin, yo practicaba en un espacio amplio que me permitía girar sobre mi eje con los brazos abiertos, y además en un suelo alfombrado que me sostenía con bastante gentileza en caso de un mal movimiento. La norma era girar observando fijamente el dedo pulgar derecho, mientras giraba a la izquierda para luego detenerme sorpresivamente juntando fuertemente las dos palmas a la altura del estómago, de esta manera podía evitar el mareo y no desplomarme cuando me concentraba en visualizar ciertos símbolos especiales. Los giros iban aumentando de 11 en 11 hasta llegar a 99 y ese día en particular, había logrado después de seis meses de práctica, hacer 99 giros sin mirar el dedo pulgar. ¡Con ambos brazos extendidos disfruté de aquella experiencia, que realmente parecía una traslación!... Hubiese querido seguir deleitándome con aquel sublime momento, pero atrasada como estaba, debí salir corriendo para tomar un bus hacia la ciudad de La Unión.
En
mi prisa, me iba deslizando como si hubiese obtenido la nota más alta en el
colegio. ¡No pisaba el suelo de tanta alegría! La gente que me veía corriendo
nunca imaginaría que yo reía por mi proeza, y que me preguntaba a mí misma si
acaso habría algún premio por parte del universo para mí.
Nuestro
pequeño bus marchaba muy lento, como es costumbre hasta los días de hoy; antes
de salir de Lago Ranco…,pero cuando ya la ciudad iba quedando atrás, comenzaba a
abrirse de par en par, el mejor libro de
cuentos en kilómetros y kilómetros de campo…Aquél,
se donaba generosamente a cualquiera que quisiera descubrir en él, bucólicos
argumentos.
Me
obligué a salir de mi abstracción, para repasar la razón de mi viaje, el cual tenía
que ver con trámites de impuestos y como siempre; viajé con mis documentos muy
ordenados, pero también siempre había alguno que debía pasar a fotocopiar. Hice
escala en Río Bueno y abordé rápidamente un taxi que me llevara pronto a
destino, porque el tiempo estaba cambiando de amable a frustrado, con claras
miras hacia un furioso desahogo y mi jocosa polera nueva, no podría rechazar a la
indiferente nube que se
empecinaba en alcanzarnos. El Taxi estacionó y emprendí una rápida
caminata hacia la plaza, donde se ubicaban la mayoría de los negocios, más la
oficina de impuestos. Ya estaba sintiendo mucho frío, mi cuerpo me avisó en
cuanto bajé del taxi, por lo que era imperativo abrigarme.
Bien
disminuida por el viento frío, caminé con mi carpeta y el mentón, muy pegados
al pecho. Mi torso completamente entumecido quería ayudarse comprimiéndose. Levanté
la vista y me percaté que a mitad de cuadra, unos hombres estaban descargando
sacos de cemento, yo era varios años más joven en aquel momento; así que algo
pintaba como para generar piropos, por lo que además de fortalecerme frente al
voluble tiempo , también debía parecer segura frente a aquellos hombres, que la
experiencia me recordaba: que cuando estaban en grupo, se animaban a ser un
poco más faltos de respeto…Así que a pesar del frío; traté de soltarme y mostrar
valor para pasar junto a ellos pareciendo más osada ¡y zaz! que aparezco caminando como cinco
cuadras más alejada de mi destino y además en sentido contrario…había llovido y
mucho, la humedad en el ambiente y las
pozas de agua así lo demostraban, ¡pero yo estaba seca!, mi ropa, mi cabello,
mis anteojos, no habían recogido los caprichos del tiempo y no sentía que debía
preocuparme por frío alguno …Tardé unos minutos en asimilar mi enigmática situación
y luego la olvidé por completo, hice mis trámites y compras correspondientes y
nada me volvió a parecer fuera de lugar. Al medio día me junté a comer con mi
amiga Roxana, y como siempre conversamos de muchas cosas sin sentir las horas que fluían entre oportunas confesiones,
noticias y chistes improvisados, pero no le conté nada de aquel hecho, no
porque no quisiera, sino porque no lo recordaba.
Al
estar ya en casa dispuesta a dormir, no hice más que apoyar mi cabeza en la
almohada cuando de un ¡zaz! vino a mi mente el recuerdo de lo sucedido. Me
levanté en el acto; busqué papel y lápiz para hacer un plano del sorpresivo
recorrido, y lo logré perfectamente. Busqué la boleta de lo que compré para protegerme
de otro posible desahogo desde lo alto, a modo de tener pruebas de lo inmediato
que tenía pensado hacer antes del cambio de ruta, pero seguía sin tener ideas
de dónde estuve mientras llovió. ¿Era posible que hubiese perdido la memoria? .
Claro que era una posibilidad, pero también pudo ser que ese día en particular,
me hayan otorgado un premio en secreto.
Fin
Mirna Rudolph
Lago Ranco
Chile
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