Cuando asistimos a un baile, fiesta o cualquier forma de compartir con otros, la mayor parte de nosotros se produce un poco antes del evento...no importa si el día está bonito, o caen relámpagos, la ilusión de una fiesta nos anima a mostrar lo mejor de nosotros, queremos agradar...secretamente queremos ser aceptados y alabados oyendo cosas como: ¡Qué bien te ves! ¡Cada vez estás más joven! ¡Esa ropa te queda muy bien! Saludamos y compartimos experiencias junto a una bebida del agrado de cada cual, distensionando el cuerpo y los ánimos, el entusiasmo ajeno, la música y el baile sacan lo mejor de nuestra alegría interna. No pasa mucho tiempo, para que quienes estamos libres o solteros (bueno también quienes no lo están), comencemos a ubicar a alguien que esté en igualdad de condiciones, nuestros ojos bailan a su propio ritmo, se mueven casi en cámara lenta, hasta que la intuición los detiene con la flecha de cupido. Comienza el cortejo en un centro q...
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